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Mi ciudad con alma de pueblo

Hablar del crecimiento de una ciudad que conserva un alma de pueblo, viene acompañado de aprendizajes y retos, pues el crecimiento no se limita al pueblo, sino también a quien lo habita.

Y al hablar de pueblo nadie queda excluido, pues vivimos en una ciudad que exige la participación de todos y que por ser un atractivo turístico, se ha conformado por diversas culturas dando como resultado la disparidad de creencias y de comportamientos. 

El desarrollo debería partir de una base sólida, bien establecida, casi inquebrantable. Sin embargo, estas son tan solo hipótesis de la realidad, pues las condiciones actuales de nuestra ciudad, no hacen más que sumar puntos a una lista de asuntos inconclusos que en la actualidad, han quedado a manos de la suerte.

Al hablar de desarrollo no podríamos excluir las características que hacen a nuestro puerto posicionarse como uno de las principales ubicaciones turísticas de nuestro país, pues la riqueza de nuestro ecosistema y la privilegiada ubicación geográfica generan un ingreso económico para el país considerable.

Pero… ¿nos hemos cuestionado lo que genera este crecimiento desmesurado? 

Retos y dificultades del desarrollo

Genera retos y dificultades para quien la habita, ya que además de exigir una modificación y una adaptación a la homogeneidad cultural, requiere enfrentarse a una realidad a la que no estamos preparados. 

Algunos de los factores de riesgo que los mismos ciudadanos vallartenses señalan como consecuencia de dicho crecimiento son la educación vial casi inexistente, los excesos y la delincuencia encubierta, pues además de lo mencionado, el posicionarnos como una zona turística nos ha llevado a estar fuera del alcance de la información.

Y a este punto del análisis te preguntarás ¿a qué llegamos con esto? no generamos ningún cambio ¿no es cierto? Pues ni este ni ningún otro análisis daría como resultado la paz mundial. Lo que genera resultados es cuestionarnos, analizarnos, analizar también nuestro entorno y lo más importante e indispensable: ponernos en acción.  

Sin embargo, las personas no podemos analizar y accionar en un mundo en el que no nos han enseñado cómo hacerlo.

Los habitantes de esta y todas las ciudades no pueden generar un cambio cuando solo se buscan culpables. Más si podemos comenzar a reconocer que aquello que ocurre nos corresponde a todos y ello comienza desde acciones que hemos considerado innecesarias e irrelevantes como: honrar nuestra palabra, no tirar basura en la calle, saludar al vecino, dar el paso a los peatones, entre tantas más.

“La vulnerabilidad es el lugar de nacimiento de la conexión y la ruta de acceso al sentimiento de dignidad. Si no se siente vulnerable, el intercambio probablemente no es constructivo” | Brené Brown

En la actualidad, vivir en una ciudad en desarrollo se ha convertido en vivir en un mundo en el que difícilmente nos cuestionamos. Mientras que aquella ausencia de cuestionamiento personal y colectivo, nos lleva poco a poco a una desconexión social.

Querido lector, nos invito a cuestionarnos, a cuestionar nuestro entorno; a conocer las raíces del problema y a analizarlas. Te invito a mantener nuestra conexión, a ser empático ante las circunstancias, a creer en el cambio, a tener esperanza en lo que aún está en nuestras manos para así, conservar nuestra ciudad con esta alma de pueblo.

Corre: fibarragil@gmail.com

Facebook. Fer Ibarra

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